Monday, March 8, 2010

La regionalización de Colombia, un error geopolítico

Ultimamente, se está hablando de hacer de la Costa Atlántica una región casi independiente de los poderes centrales. Los promotores de la idea se basan en la ancestral tendencia colombiana de balcanizar el país, apoyados en los artículos 306 y 307 de nuestra Constitución Política, y sus intentos responden quizás a ambiciones personales o partidistas de quienes quieren aprovecharse de esta circunstancia que va en contra de la formación y expansión del corazón nacional con base en su capital.

La unidad del país debe ser la Suprema Ley de la Nación y no debe ponerse en riesgo puesto que Colombia es un conglomerado humano aún en la infancia y, quizás, en gestación, en comparación con otras naciones que tienen cientos o miles de años de existencia y que ya se consolidaron racial y culturalmente. Nosotros no podemos decir lo mismo.

En nuestra inmadurez como nación queremos quemar etapas, olvidando que la vida de los pueblos se puede equiparar a la de los humanos que nacen, crecen, cumplen su vida productiva y mueren. Como en nuestra especie, el progreso de la nación es generacional, siempre y cuando los padres se consagren a la formación de sus hijos. Por consiguiente, no podemos saltar por encima del tiempo, y nuestro avance cultural y material debe ser sin pausa pero sin prisa.

A pesar de nuestra infancia como nación, no debemos imitar organizaciones de otros Estados que sufren penalizaciones geopolíticas, considerándolas equivocadamente un gran avance democrático. España es un buen ejemplo de un país que sufre problemas latentes de desintegración nacional. Conformada, en gran parte, por verdaderas nacionalidades, con idiomas propios, que han querido constituirse en entes políticos independientes como el llamado País Vasco, Cataluña y Galicia, el Estado español ha tenido que recurrir a la fórmula política denominada de Regiones Autónomas para evitar la hecatombe nacional que la ruptura del país acarrearía. Es esta una solución, ojalá transitoria, a tamaña debilidad y en ningún caso un avance democrático digno de imitar por quienes tenemos un país unificado. Contrarresta su tendencia a la desintegración, el sistema monárquico al que sus habitantes están acostumbrados.

Debemos tener en cuenta que, desde cuando dimos nuestro tímido paso a la vida independiente, empezó la lucha entre los partidarios de una organización centralista y los de una federalista. La tendencia a la regionalización del país que fue impedida, en los tiempos coloniales, por la férrea organización española, salió a flote en los albores de la Independencia pues se equiparó esta con la autonomía de los más pequeños poblados, separados entre sí por la falta de vías de comunicación. El general español Pablo Morillo le comentaba a su Ministro de Guerra esta debilidad nuestra como causa de la fácil invasión del territorio patrio en la Reconquista Española.

La vida política de Colombia durante el Siglo XIX se desenvolvió dentro de las tensiones geopolíticas de las regiones con el poder central que tuvieron como cosecuencia el enfrentamiento en catastróficas guerras civiles que frenaron nuestro desarrollo. El triunfo del general Tomás Cipriano de Mosquera en la llamada Guerra del 60 nos llevó a la organización del país en una confederación de Estados Soberanos (más que en una federación) que por poco desintegra el país. Afortunadamente supimos corregir a tiempo el rumbo, pero con el correr de los años sentimos el dolor de la separación de Panamá. Debemos recordar que la creación del Estado Soberano de Panamá, como fórmula de contentamiento a los panameños, llevó a la de otros estados soberanos pues las demás divisiones administrativas quisieron el mismo status. No quiero decir que esta haya sido la única causa de la pérdida de Panamá pero debemos tener en cuenta este antecedente para evitar cometer errores irreparables pues ya hablan algunos estadounidenses interesados en estos temas de un gran Estado con capital Miami que incluye nuestra Costa Atlántica.

Afortunadamente, Colombia tiene una fuerza centrípeta de acomodación de la población sobre su territorio que favorece el fortalecimiento del núcleo geopolítico, que está enmarcado en un polígono imaginario cuyos lados se originan en Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga, que crecerá hasta abarcar todo el territorio nacional. Es notorio el movimiento de la población colombiana de la aldea a la cabecera municipal, de allí a la capital del departamento y de esta a la capital de la República, lo que favorece nuestra unidad.

Debilitar el corazón geopolítico de nuestro país, mediante la creación de regiones autónomas que generan otros centros de poder, es atentar contra la unidad nacional, es impedir o al menos retardar la formación y el fortalecimiento del núcleo geopolítico de la región y es frenar la tendencia a su integración sociocultural y política. Sería el mismo error de los federalistas en 1810 y en 1863 cuando dividieron el todo que ya estaba unido bajo la Corona española, dando lugar a funestas consecuencias para la nación colombiana.

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